Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

3 feb. 2011

El Año de Las Batallas


Habiendo vuelto de mis vacaciones - y ay, como me duele decir eso - paso a relatar lo que yo he quedado en llamar la Guerra del Perro, cuyas últimas instancias sucedieron en los últimos días de las anteriormente mentadas - y lamentadas - vacaciones.

La Guerra del Perro comenzó hará cosa de un año y medio... bueno, no, en realidad comenzó varios años e implicó una sala de parto, un par de enfermeras, un médico, un marido nervioso y por supuesto una loca gritando.
Sí, sí, una escena dantesca.
El punto es que cuando me dieron finalmente a Rorro, uno de los tantos pensamientos perdidos que pasó por mi cabeza fue la firme convicción de que yo quería que mis hijos crecieran con un perro.

Adelantamos la cinta un poco y nos encontramos finalmente a mediados del 2009 y en el comienzo de la Primer Batalla. Yo tiré la idea de conseguir un perro, el hombre de mi casa dijo que no. Yo insistí, él no quiso ceder. Yo saqué las armas mas pesadas, él ajustó su posición. Yo lancé las armas de destrucción masiva - puse a Rorro en el caso - y él finalmente se rindió y presentó sus condiciones.
En estas indicaba que él elegía el perro -"no quiero un perro puto" "mamá, ¿qué es un perro puto?" - y pagaba las cuentas, pero no pensaba limpiar nada que dejara el perro detrás.
Acepté las condiciones, Hubbie eligió un weinmaraner y así fue como Magenta llegó a nuestras vidas en enero del 2010.

Magenta, para el que no sigue este blog desde sus comienzos, era una perra preciosa. Gris paloma, de líneas elegantes, ojos celestes, alegre, juguetona e hiperactiva. El problema, porque desde el vamos todos sabíamos que iba a haber un problema, era que era demasiado grande para mi casa, que está del lado mediano chico del espectro. Demasiado grande para mis niños, que están del lado chico mediano del espectro. Demasiado grande en general, vamos.
Eso sumado al hecho de que nunca se quedaba quieta, cada vez que jugaba con los críos me los abollaba, se comía los muebles y destrozaba el jardín, hizo que, después de mucho cavilar, tomáramos la decisión de conseguirle un mejor hogar.
Eventualmente y sin mucho ruido, se fue a vivir a Allen, con un caballero que tiene una chacra y una fábrica de comida para perros. Cada tanto mandan saludos. Tienen un romance que va viento en popa y me alegro mucho por ella, porque era un excelente animal.
El hombre de mi casa, que había protestado a través de todos los destrozos, haciendose cargo marginalmente del hecho de que él había elegido el bendito animal, respiró aliviado ante el traslado y creyó que con eso el asunto había terminado.

Esto nos lleva entonces a la Segunda Batalla.
Yo volví al ruedo con la idea primigenia de un perro para los niños. Hubbie, ya escarmentado de la primera vuelta, mantuvo una resistencia mas bien simbólica y finalmente claudicó. Todos ignoramos sus protestas frente a la propuesta de comprar un perro chico - parte de la idea primigenia - y conseguimos a Blue, un caniche toy color arena despeinado que parecía haber salido de un dibujo de Sarah Kay.
Ese fue amor a primera vista entre niños y perro y ya nadie los pudo separar. El tamaño era perfecto y críos y cachorro corrían de acá para allá como si fueran... bueno, niños y cachorro.
Marido aceptó al animal - incluso le tomó algo de cariño, dificil no hacerlo, bicho simpático con ojitos de botones a través del flequillo desordenado - pero me hizo firmar una clausula que este era el último perro que teníamos. No viendo por qué no, acepté el trato y me desentendí del tema.

Estábamos de viaje a mediados de enero, cuando mi suegra me llama para decirme que Blue había tenido algo - un ataque al bobo, o sabe Dios - y estaba muerto.
Sí, una penita terrible.
Guardé la noticia, se las di a los niños al llegar a casa y después de llorar un poco Rorro preguntó cuando podíamos comprar otro animal... Porque mi niña no es nada si no es práctica, y a rey muerto rey puesto.
Hubbie sacó a relucir su clausula de No Mas Perros, pero yo contraataqué con que su cláusula sólo era válida si el perro hubiera estado con nosotros al menos tres o cuatro años. El animal no había vivido ni cinco meses en casa.
El hombre de mi casa se mantuvo en sus trece y así comenzo a cocinarse la Tercer Batalla, batalla que en sí duró poco y nada, ya que mi suegra, sintiéndose terriblemente culpable por que la muerte de Blue hubiese sucedido durante su guardia, averiguó y compró otro caniche en menos de lo que tarda uno en deshacer las valijas.

Eso nos lleva a Tomy, otro caniche toy color arena, y hasta ahí llegaban sus semejanzas con Blue. Este sí era lo que uno - si uno fuera políticamente incorrecto - quedaría en llamar, un perro puto.
La dueña lo tenía todo esponjado y esquilado, parecía salido de una caricatura de caniches y Rorro me preguntó si yo estaba segura que era un nene y no una nena.
Hubbie, que detestó al animal ni bien llegó - cosa mutua, el perrito se la pasaba gruñéndole - y además estaba molesto por haber sido superado en la votación una vez mas, mantuvo un silencio helado sobre el asunto, lo que denominaremos la Guerra Fría, y nos dejó hacer.
Tomy en seguida nos hizo notar que mi suegra había cometido un error. Haciéndole honor a su aspecto de perro de cartera, se pasaba los días mirando a los chicos jugar sin intervenir ni moverse. El perro mas aburrido del planeta. Y yo tomé la veloz decisión de que pasarnos una vida comparándolo con el otro y bancando el malhumor de H, no valía la pena, por lo que así como llegó lo pusimos en venta, y un par de días después, sin lamentos de ningún tipo, Tomy se fue de casa para no volver.

En el interín, en los últimos días de la paz armada y mientras yo no miraba, el hombre de mi casa aprovechó el caos y cambió a la Rorro de bando, prometiéndole en vez de un perro, un gato.
La Rorro, que bendita su alma lo único que quiere es una mascota, agarró viaje, y antes de que yo me embarcara una vez mas en la lucha, me subieron al auto, me llevaron a la veterinaria y volvimos con un animalito flaco, esmirriado y naranja que el primer día rasguño a todo el mundo y el segundo se ubicó a los pies de la cama de Zeke y decidió que ese era su lugar en el mundo. La bautizamos Sasha - que es un nombre ambiguo, ya que al ser todavía tan chico el veterinario, que se ha reído toneladas a través de todo el asunto, no puede asegurarnos 100% que sea gato o gata - y esta vez parece que el animal nos va a durar.

En mi casa, después de un año largo, hubo finalmente un total cese de hostilidades, todas las armas fueron depuestas, y no sé ustedes, pero yo no puedo evitar notar lo irónico que es que la Guerra del Perro haya sido finalmente ganada por un gato.

16 comentarios:

Briks dijo...

BRILLANTE !

Brillante diario bélico.
Sepa que me tiene incondicionalmente a su lado.
No entiendo como puede haber gente que no quiera compartir su vida con un can

ahora...
que ud haya permitido que un gato sea LA mascota del hogar es más o menos lo mismo que el burrito Ortega se vaya a jugar a boca juniors
más o menos

no se rinda

Briks dijo...

por cierto

el caballero no queria un perro "puto" y mete un gato ??
(mascota de gay por antonomasia)




ahi tinen un argumento para contaatacar, no sé si le va a servir

Pablo dijo...

Gran relato.

Ahora, habida cuenta de lo expuesto ¿por qué no prueba con un Tamagotchi?

Mire, yo no tengo intenciones de meter bicho alguno a mi casa, pero el hecho de que en las vacaciones mis hijas se pusieran nerviosas hasta con las moscas me hace pensar que necesitan un poco de contacto con el campo y su fauna.

Pablo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ouchurus dijo...

Cómo le va de vuelta?
Si, ya se...una cagada y media que las vacaciones terminen. Todavía no me repongo del duelo y ya llevo dos semanas en mi hogar.
No soy muy perruna que digamos. No me disgustan los perros pero no tendría uno en un departamento ni que me obligaran.
Ahora...un gato?????? Discúlpeme, pero menos que menos.Inexpresivos, ojos de loco malo, demasiado silenciosos y desapegados.
En mi adolescencia dormí algunas veces en lo de una amiga con gato siamés. El muy desubicado (Henry se llamaba mire usted) cuando uno conciliaba el sueño se subía a la cama (no a la de su dueña...a la de la invitada) y se acomodaba muy orondo como quien está en su casa...
No sé si probó con Sasha, pero emanan un calor que yo juré que se estaba meando...y no! Son asi ellos nomás!
Una experiencia que no podré olvidar.
Y por supuesto no pegué un ojo en toda la noche!

un saludo y me alegro que esté de vuelta!

Sir Lothar Mambetta dijo...

¿Los perros se compran? Para mí, ahí está el error fundamental. En general uno no va y compra a sus amigos o a su familia (bueno... dije en general):

-Hola, sí, quería una esposa.
-¿Qué está buscando el señor?
-Bueno, algo clásico, que sea pastora y alemana.
-Oh, una excelente elección si lo que busca es fidelidad.

Por otro lado, el error con los gatos es creer que ellos son las mascotas de uno.

Abrazo y cuente cuando se defina el sexo de Sasha.

Martín dijo...

Nikita & Melba, mis dos hámster enanos. Bueno, bonito y barato.
Claro, me encantaría un perro, pero si los dos trabajamos no sería justo para el pichicho.

rastelman dijo...

uff
en micaso despues de tener tres perros de chico
no quise saber nada de tener otro
y mi chica por nunca tener no queria tampoco
asi que optamos por los mejores peluches realistas para nuestras hijas hasta que apareció chow en nuestras vidas y casa destrozando e inquietando a todos hasta que por nadie darle bola (el convenio era que mis hijas se encargarían) lo regalamos a unos amigos que lo querías y la paz volvió a casa...

Mona Loca dijo...

Bueno.
aver:

1- Me muero si me dejan un animal a cargo y se me muere.

2- Yo ya le dije que tenía que ir a algún refugio y adoptar algun perrito raza Terbal ( Terreno Baldío)

3- Bah, no está muerto quien pelea...se han visto cosas más raras que perro y gato conviviendo en la misma casa. Deje descansar un tiempo hasta que se olviden las penurias ocasionadas por Tomy, y reintente.

4- Como bien dice Sir Lothar, la familia es la mascota del gato y no al revés. Somos sus posesiones y les somos útiles, por eso nos toleran.
A cambio, no hace falta estarles mucho encima, y si en algún momento ELLOS tienen ganas de ser mimados, vienen a buscarte.

Yo tengo una gata que AMO, aunque a ella sólo le importa que le dé de comer y le rasque la cabecita, atrás de la oreja.

5- Si tuviera jardín, también estaría trenzada con el Mono por la coexistencia con un perrito.


besos!

pal dijo...

Me parece terrible pasar por aquí y descubrir que mi comentario no está!!!!

Bueno, nunca he sido depre, así es que acá voy denuevo.

Gracias por contar, es una guerra muy entretenida esta, aunque se veía venir lo del perro...es difícil lo de los animales si no todos están de acuerdo, porque son siempre una procupación más y si no tienen compensación sentida (afecto, cariño, experiencia) no "vale la pena".
Ud. hizo lo que pudo, ahora sea feliz con el gato.

Esta anécdota le quedó escrita de manera muy graciosa. La felicito.
Besos, tb al gato. Si se deja.

Guada GN dijo...

Sabe que yo tampoco entiendo Briks la reticencia a querer un canido? Es de lindo todo ese cariño incondicional...
Igual a mi los gatos me gustan, así que no todo está perdido... No fue tanto una rendición si no como un tratado de versailles.

Briks2, lo que él quiere, vamos a ser honestos, es un animal que no rompa los quinotos, y los gatos, serán muchas cosas, pero son silenciosos y con eso de que la mitad del tiempo te ignoran, si hay que no hacen, es joder... Pero la próxima vuelta es un perro, no me jodan.

Me alegro la haya gustado, don Pablo, y con el tamagochi le diré que es lo mismo que un sims, después de un rato uno se cansa de torturarlo y quiere algo con mas consistencia.
Tal vez sea hora de llevarlas al zoo, digo, o al jardín botánico, ese lugar está lleno de bichos.

Guada GN dijo...

Como le va, estimada Ouchs! De vuelta en su hogar, puedo notar. Si, un incordio. Amo mi casa... pero estar lejos un rato mas no me hubiera venido mal. Y estar lejos de mi trabajo ni hablar.
Nah, a mi los gatos me gustan. Yo crecí con ambas especies y las dos tienen su encanto. Y si emanan un calor que en verano lo querés matar, pero en invierno, cuando dormía sola, tenía todo el encanto tenerlo subido sobre las patas frías.
Pero entiendo, son desapegados. Uno no adopta un gato, se deja adoptar. No es "mi gato", es "su humano" :)
Saludos a uste´también, me alegra estar de vuelta - por estos lugares

Sir Mambetta, uste´me está diciendo que compró esa familia en particular? Cómo hizo para elegirla? Haber sabido qeu se podía elegir hubiera ido de compras tiempo atrás...
Las pastoras alemanas son fieles? Mire que yo conozco cada historia en los prados de Schuflefujen...
No se preocupe, yo tengo muy en claro que no es ella la que es nuestra somos nosotros los que somos suyos... y eso si le damos de comer, si no se busca otros.
Y sí, es una niña, nomás. Y por ahora simpatica... mas allá del mordisco de cuando la llevamos a la veterinaria...
Abrazo pa´uste´también.


Uh, Martín! Y los tiene en esas bolas de acrílico con las que corren por toda la casa?! Si tengo un hamster les voy a comprar una de esas, es mi sueño sobre los hamster.
Y sí, un animal que pasa mucho tiempo solo no es un animal feliz, lo entiendo. Mejor esperar a tener tiempo. Acá siempre hay alguien, por eso nos lanzamos a la compra del... gato, bueno, pero ya va a tocar perro :)

Guada GN dijo...

Y sí, ese es el tema, don Rastel, si las personas a cargo no se hacen cargo, mejor para todos que vuelva la paz al hogar. UN perro es algo agotador - Magenta era algo agotador - así que hay que tener ganas o ganas...
ME alegro que las cosas estén en paz.

Entonces entiende el ataque de culpa de la abuela de esos críos y el por qué de la veloz compra de Tomy, estimada Mona.
Yo tuve un par de perros cuzquerrier - como les dice mi papá - y todo bien con ellos, pero queríamos otra cosa esta vuelta.
A mi los gatos me gustan, y sé a qué atenerme con ellos, no se preocupe, entro a la relación con los ojos abiertos :)
Yo cuando tenga un jardín mas grande - mi jardín es mas bien pequeñito - voy a luchar con mas ahínco por el perro prometido, no sé preocupe, que la guerra simplemente está en standby :)


Lo del perro se veía venir porque a H no le gustan los perros, que va´cer. Pero con Blue casi casi lo logramos, eh? Eso fue mala leche, que va a hacer. Ahí la naturaleza me hizo una zancadilla y me perdió la guerra, quequierequelediga...
El gato está durmiendo tan tranquilo sobre mis rodillas, así que le mando sus saludos, Palita :)

Dali dijo...

Jajajajajaj, aguanten los mininos carajo. Mucho más práctico que tener perros. Son más independientes, más económicos e igual de cariñosos si se los malcría como se debe.

eMe dijo...

Un gato! y naranja!!!

Ah, yavaver, esos bichos son un camino de ida!

(como habrás notado, estoy leyendo todo lo que tenía atrasado y no puedo evitar comentarte algo. Este relato en particular es genial, pero genial genial genial. tenés un modo tan genial de contar las cosas, me encanta =))

Guada GN dijo...

Dali! Por ahora vamos bárbaro. Se deja mimar, mima por todos lados y pese a los manoseos de los críos, todavía no me rajó a ninguno. Ya te contaré :)


eMe, un gato naranja. Es de lo mas bonito.
Y los gatos a mi me encantan, soy re bichera, pero tenía mi corazón puesto en un pichicho.
Me alegro que te guste. Se agradece. :)